miércoles, 3 de julio de 2013

Hypnocuento

  En una de esas noches de plena búsqueda en mi garage, girando hacia la derecha somnolienta y mecánicamente la pequeña perilla del transmisor oyendo el típico, aturdidor e incesante sonido de la interferencia radial, de pronto pude llegar a distinguir unicamente el planteo de una mujer que poseía una de esas reconocidas voces graciosas que se escuchan como si se expulsaran directamente resonando desde la laringe atravesando una sordina de trompeta, aunque a su vez ésta particularmente, gemía un tanto desafiante. Fue en ese instante que me detuve atentamente a intentar destilar con claridad sus palabras.
  Mujer -Partiendo de la premisa "Habitamos el único planeta donde ser adulto es resignarse".
¿Qué explicación intentarías darme?
Otro personaje pero de voz intensamente masculina, como quien dice con infinita sobriedad la absoluta y única verdad, respondió rápida y firmemente siguiendo su argumento.
  Hombre -Primero, que dejes de moverte un poco. Te vi balanceándote al ritmo de la música, y eso me irritó, a veces la paciencia se me agota fácil ¿sabés?
  Mujer -¿Y toda esa ira? 
  Hombre -La ira es conmigo por temerle tanto a la locura. Tanto que siento como si alguien estuviese calculádome constantemente, ¿entendés? siguiendo mis pasos, midiendo mis movimientos, comparándome con algún desconocido parámetro de normalidad; alguien tácito, obvio. Te lo aclaro, no sea que vayas a pensar que estoy loco y siento que alguien real, o sea, una persona de carne y hueso me persigue insanamente por las calles cuando tomo el camino hacia mi casa.
  Mujer -Todo se soluciona buscando en un diccionario la definición de "loco" y de "normal".
Normal: adj. Lo que se haya en su estado regular.
Loco/a: adj. Enfermo, cuyas funciones cerebrales están alteradas. De poco juicio. Imprudente. Extraordinario, fuera de lo común (¿no es a caso lo que siempre perseguiste, buscaste, ansiaste, quisiste ser? Pues bien, ¡Lo has conseguido!)
Hombre -Vos existís porque yo quiero. Todos somos percepciones ajenas. Es más, me atrevería a decir que yo mismo te invento. 
  Mujer -Un momento, ¿y si realmente vos sos la invención?
  Hombre -La gente emana percepción. 
  Mujer -¿Sabés cuántas personas hay en este mundo?
  Hombre -Sí. Tantas como percepciones; disparadas, encontradas, diferentes, tantas tantas que la verdad y la sabiduría se pierden sin más remedio

  Mujer -Lo que no es válido es pasar a ser peligroso o violento. 
  Hombre -Entonces por favor te ruego que conserves la calma cuando te diga lo siguiente: todo cambia, todo es irregular, todo se mueve de aquí para allá. Y hay que agradecer que existe el flujo y el caos. Es allí donde está el juego. Lo único que es inmóvil  regular, inalterable, paralizante es tu maldito miedo. Pero cuidado, no estás loca. Todo el mundo te quiere y a los locos no los quiere nadie, son rechazados, excluidos, etiquetados con sintomatologías, apartados y muchas veces, hasta pueden llegar a ser encerrados, privados de su libertad cual delincuentes.
  Mujer -Es que el miedo es inseguridad.
  Hombre -No lo creo. Contrariamente es la seguridad de que nada va a cambiar. De que nada nuevo hay que aprender. Todo se va a quedar así tal cual, para poder ser manipulado y meticulosamente controlado. En el miedo solo te resta ser una niña a la que hay que comprender, malcriar y acompañar.
  Mujer -¿Cómo esa insignificante planta puede provocarte todo esto?
  Hombre -Es que somos animales domésticos, objetos de prueba, disciplinados, 
condicionadas esporas.
Polvo, polvo, polvo.
Productos, residuos.
Experimentos.
Pruebas y errores de químicas imaginaciones, de locomociones intransigentes, 
deseando vértebra por vértebra ser inciencio-ceniza bajo un impuesto espectro coloquial.
Como abejas que punzan la médula de la ceriflor, entregamos la mitad del oro de nuestro reino a quien nos invade.
  Mujer -A veces siento que esta podría llegar a ser mi última sensación, que lo próximo es la muerte y allí es cuando necesito que regrese el sauce que se baña en lluvias para tratar de convencerme de lo contrario, me calme el temor y luego de haber llorisqueado un poco, volver a salir a jugar distrayéndome. 
  Hombre -No es que no sepa escribir cuentos, es que no quiero; no veo el motivo, el origen, la causa, la excusa y creo que puede llegar a deberse a que alguna vez intenté arrancarme todos los relieves que encontraba en mi cuerpo.
  Mujer -La locura es femenina, ¿te diste cuenta de ello? 





2 comentarios:

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  2. Qué diálogo más interesante. Me impresionó el tema, de un tono cotidiano y modesto, a la vez que profundo y con cierto intelectualismo latente.
    Ni siquiera sé cómo llegué a este sitio ni por qué me detuve en este texto, pero sé que no voy a olvidarme de esta prosa poética. Es más, creo que tengo que chusmear un poco este blog...

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