Carezco del talento
de reconocerte en cuentos.
Un brazo envolvente,
crisálida que dispara, se disipa en dulces gotas
siendo el fin del hielo en tu sonrisa.
Busco en tu respuesta la pregunta.
Sobrepasa mi intelecto, rebalsa mi ombligo
y cae en mi cintura
cuando de cabeza me encuentro.
Sesión nocturna del silencio.
Lacre que sella en mis labios el miedo,
la desesperación,
la repetición
la repetición
Instintivo impulso de distanciarte.
Impermiarme en el horizonte de tu perfil,
undida en el cráter preciso de tu plexo.
Vivo este agua de sol
como verdad absoluta,
razón
si y sólo si, te cruzo en el aire del vientre nimio,
seno inquieto de tus dedos.
Subdesarrollado episodio que intenta rasguñando
alcanzar una historia que trascienda
eternizada en papel aluminio.
