jueves, 12 de septiembre de 2013

Y aquel buen día de Sol que te contempló,
    supe instantáneamente que una completa antología 
se comprimiría en mi estómago;
tras la música ociosa de un disco de humo
nos encaminamos hacia mi bastión
  donde se origina el encuentro del designio en curso con el credo,
    semejante a un sueño celeste ingenuo, 
                                   pleno.
Un universo constelar desaprendido 
emerge con el rodar de las cerdas que alcanzaste a bordar en tus ojos,
cincelando al céfiro de Oriente
             que aquieta el trayecto de mi bruma.


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