el sabor a esos pliegues de cielo de tu ombligo,
un espiral de sueño en tus párpados
y el claro inicio de acantilados por tus dedos.
Y mis días te esperan demandando
ese tan deseado e inalcanzable desencuentro.
¿Pero es que acaso no ves que no hay nada que se continúe aquí?
¿Pero es que acaso no ves que no hay nada que se continúe aquí?
Si tus piernas son mi reposo,
si tus ojos con los mios
son el viento,
si tu espalda es apoyo de mi centro.
Hombre triste y visceral:
este cuerpo ya aniñado por el desuso
se arrodilla en compañía de cuerdas flojas.
Soy única intérprete del dialecto en tus pupilas;
diálogo congruente, dimensionado y jamás ajenamente percibido.
Deja que sangre el parche amor mio,

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